“El pájaro Sisón” (s. XVIII): edición y traducción

Miguel Rodríguez García (Universidad de La Rioja)

Ofrezco al lector la primera traducción castellana de la que tengo noticia del pliego valenciano El pardal Sisò (s. XVIII), atribuido a León Carlos.

Se trata de una composición burlesca, en forma de diálogo, entre dos figuras emblemáticas de la topografía de Valencia: el Sisón de lo alto del campanario de San Juan del Mercado y el Dragón del Colegio del Patriarca. Los preparativos de las fiestas por la beatificación de Juan de Ribera —andamios, luminarias, ornamentos, albañiles y bullicio urbano— esbozan una escena que refleja ansiedades en torno a la destrucción patrimonial. El pájaro, alarmado por las obras que se levantan junto a su campanario, cree que van a vandalizar su efigie; el Dragón se lamenta de haber sido olvidado en una celebración de gran magnificencia. Por lo demás, en el coloquio se funden la sátira urbana, la cultura festiva y una mirada irónica sobre los preparativos ceremoniales.

Al margen de estos apuntes, el estudio introductorio del documento deberá quedar, por ahora, aplazado. Facilito al final un glosario con los términos más complejos.

Criterios de traducción:

Se ha procurado llevar a cabo una traducción literal del texto cuando ha resultado posible. La modernización se limita a algunos signos de puntuación, ocasionalmente al orden sintáctico y a palabras, expresiones y formas verbales que, por desuso, oscuridad o dificultad para la comprensión, han sido sustituidas por otras equivalentes.

Puede consultarse otro ejemplar del texto aquí.

EL PÁJARO SISÓN, QUE ESTÁ EN LO ALTO DEL CAMPANARIO de la Iglesia de San Juan, aturdido al ver la barahúnda que se movía en la Plaza del Mercado, con motivo de las Fiestas de la Beatificación del B. Juan de Ribera; y lo que es más, viendo los andamios que ponía el Clero de San Juan, pensando que iban a hacerle una mala pasada, tomó vuelo, y se paró en un tejado del Colegio, desde donde divisó al Dragón.

S. Dragón, muy buenos días tengas.

¿Qué, acaso estás escondido?

Amigo, ¿qué te ha sucedido?

¿Habrá fortuna más grande

que haber parado yo el vuelo

donde nunca había pensado?

D. ¿Quién eres tú, que así me hablas

con tanta marcialidad?

Sisón. ¿No me conoces?

Dragón. Ni tampoco

te he visto, ni te he hablado.

Sisón. Supongo que eso es muy cierto;

y, a decir verdad,

yo no te he visto en mi vida;

pero es tu fama tan grande,

que de Levante a Poniente,

mujeres, hombres, chicos y grandes

saben que eres del Colegio

el más antiguo habitante.

Dragón. Calla, calla, cesa, cesa,

porque un puntito has tocado

que me ha dejado trastornado,

colérico, triste, y arrinconado.

Sisón. Pues ¿a qué viene esa manía?

Dragón. Di tú primero el caso

que te ha traído a esta Casa,

y una vez enterado

de tus aventuras,

entonces te daré parte

de las aflicciones que me tienen

melancólico, y angustiado.

Sisón. Hablas como Dragón de bien;

y pues en tu Casa estás,

y yo vengo a guarecerme

en tan grave necesidad

de tu protección,

escúchame pues, y sabrás

la historia más estupenda,

el pasaje más gallardo,

el cuento más primoroso,

el jeroglífico más grande

que en Valencia ha sucedido

desde que hay Murciélago,

que es lo mismo que si fuera

desde el punto en que la quitó

a los Moros el Rey Don Jaime.

¡Oh qué gran antigüedad!

Has de saber pues, amigo,

que yo, si no has reparado

en las señas, soy el Sisón,

aquel remontado Pájaro

que está en lo alto del Campanario

de aquella Iglesia brillante

por todo el Orbe conocida,

la de San Juan del Mercado.

Dragón. ¿Tú eres aquel elemento

que atisbas sin chistar

todo cuanto en el Mercado pasa?

Sisón. Sí, ¡y si quisiera hablar

bien creo que habría tela que cortar!,

pero volvamos a nuestro caso.

Estando pues de centinela

todo el término registrando,

vi preparativos

magníficos, grandes y especiales:

muchas maderas por aquí:

muchas obras por allá;

balcones añadidos a un puesto;

a otro, ventanas grandes:

medidas por la Puerta Nueva:

medidas en el Consulado;

agujeros cerca de la calle Nueva;

mas de nada hacía caso,

pues como he visto tantas fiestas

desde que estoy allá arriba

me pensé que serían

algunos preparativos

de otras fiestas, y quietecito

me estaba repantigado;

hasta que anteayer,

todavía estoy espantado,

reparé, ¡qué tristeza!

que en aquel rellano tan grande

encima de las escaleritas

iban poniendo barras

y hacían un andamiaje;

pensé que sería un Altar

que mi Clero quería hacer

y quedé algo sosegado.

Crecía el andamio a varas

y cuando me di cuenta

ya llegaba a los balconcitos:

yo dije entre mí, ¡caramba!

este cuento va de veras.

¿Qué querrán hacer aquí arriba

donde en el tiempo en que estoy

ningún viviente ha subido?

Estando en estos pensamientos

veo que iban arrimando

escaleras, y que a porfía

intentaban subir

una turba de albañiles;

y como por mi dignidad

y el alto puesto en que existo

tengo contrarios a montones,

me hice estas reflexiones

así como las voy contando.

¿Si serán los Compradores,

algunos que suelen sisar,

y sabiendo que todo lo veo

me querrán asesinar?

¿Si acaso las Revendedoras

perfectas de este Mercado

se han conjurado contra mí,

porque oigo los disparates

con que a todos tratan por todas partes?

¿Si algunos perdidos Estudiantes

que en los melones y la fruta,

y hasta en las tablas del pan,

obrando a la chita callando,

viendo que solo yo declarar

puedo en tal causa, me quieren

con sus mañas enredar?

¿Si los Tenderos:::- pero amigo,

estando soliloquiando,

veo junto a la bola dos hombres

con las dos zarpas en alto.

No averigüé la intención,

pero estando entendiendo ya

del refrán aquel tan sabido:

Que salto de mata, más

vale que ruego de buenos,

sacudiendo las alas

los dejé a todos en un moco

de diez varas, y pegando,

como quien dice, campo a través,

a este tejado he llegado,

donde casualmente te encuentro.

Este ha sido mi caso.

Si estas desdichas te mueven,

si atiendes a estas verdades,

si tienes el corazón generoso

como toda Valencia sabe,

espero de tu afecto

que aquí me patrocinarás,

me darás cuanto puedas,

y si es que llegara el caso

de venir por mí, en defensa

mía, la vida perderás.

Dragón. Mil abrazos te daría

si yo te pudiera abrazar

y pues que reconocido

en tu modo me he visto,

después de darte palabra

de en todo ser tu Atlante,

pues en materias de honor

ningún Dragón se ha negado,

escúchame otro ratito

y te contaré mi caso.

Desde que se fundó el Colegio

por mandamiento del Prelado,

mi Señor Fundador,

Patriarca venerado,

y Beato hoy en el día,

que siempre he estado atisbando

la Iglesia sin entrar dentro,

pero muy bien visitado

por hombres, mujeres, chicas, chicos

y forasteros a montones:

siendo pues yo el más bello de todos,

me tienen arrinconado,

y en cuanto a las Luminarias

que se hicieron en el año pasado,

todos gozaron de la fiesta,

siendo solo yo el desgraciado.

Dos meses hará por lo menos

que lo ponen de punta en blanco

todo, renuevan pinturas,

los claustros han blanqueado,

de bolas y de faroles

no se cuentan los millares,

arcos, cirios y blandones,

con arañas de cristal

un sinnúmero; las varas

del más fino y pulido damasco

dan miedo solo de pensarlo;

el terno que se estrenará

está cuajado de oro;

en una palabra, hacen

tantas cosas estupendas,

que memoria quedará

en Valencia de estas Fiestas,

tanto por la solemnidad,

como por la magnificencia.

Sisón. Pues ¿en qué estriba el pesar

cuando lo que dices es placer,

y muy contento debes estar?

Dragón. Mientras tú hablabas, amigo,

atento te estaba escuchando

sin meter la cucharada;

todavía no hemos acabado,

y el punto fijo del asunto

queda por noticiar,

y así déjate de preguntas,

ni tienes que irme a la mano,

porque las explicaderas

son, a Dios gracias, bien grandes,

causándolo el trato que tengo

con tantísimos Estudiantes.

Siendo yo el más antiguo de todos,

¿no estaba puesto en razón

digna y muy correspondiente,

el haber contado conmigo

en una Función de tal grandeza?

Pues nadie se ha acordado,

hasta que ayer por la mañana

pasó el Librero de ahí delante,

el más antiguo, y un Coloquio

fue a dar a los Capellanes

en que Sento, y Tito decían

que estaba desesperado yo

porque conmigo no contaban

quedándome allí arrinconado

siendo el Decano de todos,

y otras cosas que en tal

papelote ellos embocaban.

Esta voz se esparció,

y tomó tan gran cuerpo,

que en un punto y en un instante

me descuelgan, me limpian,

y me pintan de muy buen grado,

subiéndome a esta solana,

hasta que se haya secado

el vestido nuevo; los Pintores

están siempre refunfuñando

diciendo que me sacarán a la vista,

y que en la Plaza he de estar

los tres días: este es

tanto mi gozo como mi pesar;

y pues que el mismo motivo

nos tiene a los dos tan alterados,

ánimo y resignación,

que este tiempo otro nos traerá.

Sisón. Tú al menos, Dragón, tienes motivos

de ese modo de pensar,

pero yo: nee nominetur.

Dragón. ¿Quién te ha enseñado a hablar

en latín?

Sisón. Todas las lenguas

se oyen en el Mercado,

pero el latín lo he aprendido

de hablar con el Escolano

que aparece pintado a solas.

Dragón. Muy bien.

Puede ser que lo entendieras mal,

y el querer cogerte, sería

para hacerte plateado

o dorado algún vestido.

Sisón. Como son los Comisionados

jóvenes, alguna diablura

pensé que habrían ideado:

tomé las de Villadiego.

Dragón. No creo que lo hayas acertado.

Sisón. Tomaré noticias, alzaré el vuelo

subiéndome al campanario

de San Andrés, descubriendo

lo que pasa por allá,

y según la información

que me hagan, limpito y claro,

así obraré.

Dragón. Me place.

Muy entendido es el Sisón;

mucho me he alegrado de verlo.

Ni extraño lo sucedido;

ni lo que a mí me ha pasado.

Si no fuese por Tito y Sento

a oscuras hubiera estado.

Pero ya parece que otra vez

el Sisón se ha bajado.

Sisón. Amigo, al puesto me vuelvo

pues según me han informado

unos Palomos, para lucirme

me querían coger.

Dios te pague tu buen celo

permitiendo que gocemos en paz

de unas Fiestas tan lucidas.

Veré si podré volver

a hacerte otra visitita.

Dragón. Cuando quieras volar

bien podrás; muchas memorias

a los Concurrentes del Mercado,

y que se acaben las Fiestas

con paz y tranquilidad.

En Valencia: Por Miguel-Estévan.


GLOSARIO

Andamiaje: estructura provisional de madera que sirve para subirse y trabajar en una construcción, pintura o reparación.

Atlante: titán que sujetaba en sus hombros el peso del cielo por castigo de Zeus. Por extensión, sostén anímico o protector de alguien.

Beatificación de Juan de Ribera: fiestas celebradas con motivo del reconocimiento oficial del patriarca Juan de Ribera como beato.

Blandón: cirio grande y, también, el candelero que lo sostiene.

Chita callando: actuar silenciosamente y con disimulo.

Colegio del Patriarca: Real Colegio Seminario de Corpus Christi de Valencia, fundado por Juan de Ribera.

Consulado: referencia al Consulado del Mar, un edificio histórico valenciano.

Dragón: figura legendaria que se exhibe en el Colegio del Patriarca. Se trata de un cocodrilo disecado.

Escolano: joven que canta en el coro y que ayuda en los oficios litúrgicos; parecido al monaguillo.

Explicaderas: coloquialismo. Manera de expresarse o darse a entender.

Luminaria: luz puesta en ventanas, balcones, torres y calles en señal de festejo.

Meter la cucharada: interrumpir (en este caso, la conversación).

Murciélago: Lo Rat Penat. Símbolo heráldico de Valencia asociado a una historia medieval sobre el rey Jaume I.

Nee nominetur: latinismo con el significado de “que no se nombre”; reticencia discursiva.

Papelote: forma despectiva de designar un papel impreso.

Puerta Nueva: Puerta de la Alcaicería que en el pasado dio acceso a la ciudad.

San Andrés: se corresponde con la Real Parroquia de San Andrés Apóstol, hoy ubicada en el centro de la ciudad.

San Juan del Mercado: es hoy la Real Parroquia de los Santos Juanes, situada junto al Mercado Central.

Sento y Tito: personajes de otro coloquio mencionado en el texto.

Sisar: hurtar pequeñas cantidades.

Sisón: veleta metálica colocada en lo alto del campanario de la iglesia de San Juan. Representa a un sisón, ave esteparia emparentada con la avutarda.

Solana: lugar donde incide intensamente el sol.

Terno: vestuario litúrgico de los religiosos que ofician una misa mayor.

Tomar las de Villadiego: expresión coloquial con el significado de “huir apresuradamente”.

Vara: medida antigua de longitud.

Huellas en la tinta

ISSN 3101-5190

Rodríguez García Miguel
Rodríguez García Miguel

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OpenEdition le sugiere que cite este post de la siguiente manera:
Rodríguez García Miguel (3 de junio de 2026). “El pájaro Sisón” (s. XVIII): edición y traducción. Huellas en la tinta. Recuperado 8 de septiembre de 2026 de https://huellas.hypotheses.org/1465


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