Miguel Rodríguez García (Universidad de La Rioja)
Ofrezco al lector la primera traducción castellana de la que tengo noticia del pliego mallorquín Conversa de dos Cans.
Se trata de un valioso testimonio sobre los espectáculos populares con animales en el que se fabula una pelea de perros celebrada en Palma de Mallorca durante 1892. El antropomorfismo disimula la violencia a la que se ven expuestos los canes Moreno y Ñap. Aunque la lucha se reviste de galas de heroísmo mediante un lenguaje que evoca las gestas de los caballeros medievales, esta estrategia retórica encubre un paisaje moral sórdido: abusos, apuestas y un pasatiempo cruel que, pese a la falta de reconocimiento oficial, es aplaudido por las masas. Queda lejos del retrato del Coloquio de los perros cervantinos: aquí los dogos absorben la perspectiva de los humanos, renuncian a su individualidad y se entregan a la lucha por conceptos tan intangibles para ellos como el honor y el beneficio económico de sus propietarios.
Al margen de estos apuntes, el estudio introductorio del documento deberá quedar, por ahora, aplazado. En este caso no veo la necesidad de incluir un glosario final.
Criterios de traducción:
Se ha procurado llevar a cabo una traducción literal cuando ha resultado posible. La modernización se limita a algunos signos de puntuación, ocasionalmente al orden sintáctico y a palabras, expresiones y formas verbales que, por desuso, oscuridad o dificultad para la comprensión, han sido sustituidas por otras equivalentes.
Puede consultarse otro ejemplar del texto aquí.
Conversación de dos Perros
Moreno y Ñap
SOBRE LA PELEA DEL DÍA 15 DE MAYO DEL 92, QUE TUVO LUGAR
CERCA DE SON BOTER ENTRE
Cuando los soltaron
Moreno le dijo:
Ñap, no me muerdas así,
o si no, mal te sabrá;
antes te quiero advertir
que no te has de figurar,
si me quieres zarandear,
que siempre tenga que aguantar.
Ñap.
Moreno, no me cuentes milongas,
que de todos modos no te creeré,
y no te eches atrás,
que un perro sale más curtido
si lo ponen a prueba los de Palma;
ya lo comprobarás por ti mismo
cuando grites al sentir
el tarascón que te daré.
Moreno.
Ñap, no me vengas con enredos
ni me quieras revolver;
la pelea hemos de empezar,
no lo pintes tan difícil,
que luego ya se verá
cuál es el mejor de los dos,
que sé cierto que los dolores
son fuertes cuando yo agarro.
Ñap.
En la raya estoy puesto
y mi amo ya me agarra,
y tiro a Moreno en tierra,
allá en medio con un golpe.
Tumbos por la derecha y la izquierda;
allí hubierais visto a Ñap,
que hasta que estuvo cansado
supo resistir la guerra.
Moreno.
Vienes ligero como un caballo,
pero yo sé batallar con buena espada;
ya tengo la boca llena
de polvo de andar agachado.
Te crees que llevas buena baza,
pero por ti no me callo,
porque, al acabar este baile,
terminarás como un asno.
Ñap.
Te he sacudido demasiado pronto,
Moreno, ¿tú qué harás?
Abajo, abajo sufrirás,
pero allí tomarás resuello;
entonces sacarás las fuerzas,
tú que serás más soldado,
que cuando me veas cansado
entonces te volverás contra mí.
Moreno.
Ñap, ñap y ñap, tres veces.
¿No ves que no me ganarás?
Yo veo que te haces el chulo
y ganas por los revolcones;
¿no sabes lo que conseguirás?
Que, teniendo las fuerzas acabadas,
entonces, a las embestidas,
ya no saldrás al medio.
Ñap.
Moreno, ya estoy cansado,
no te hacía tan valiente;
tú haces la pelea jugando
y a mí me has dejado desdentado.
Y aliento ya no tengo;
y el chasco más pesado
es que en vano me han cuidado,
y quedaré malparado.
Moreno.
Démonos una embestida
y veremos quién va primero;
que por abajo he tenido que ir
y tengo la espalda ensuciada,
y eso es malo de aguantar;
pero con una sacudida
que le dé otra vez,
Ñap no querrá volver.
El amo de Ñap lo agarró
y lo separó pronto,
y le dijo: «¿qué tal, Ñap,
Moreno qué hará? »
Y Ñap le contestó:
«Lo veo en dificultad,
el juego está perdido;
ya pueden darlo por ganador.»
A Moreno también
de él lo apartaron
para volverlo a soltar,
y quedó de lo más entero,
y al otro perro dijo:
«Ñap, me gusta hablar claro:
a ti te he de ganar;
veo que eres demasiado alborotador.»
Moreno.
Veo que, al llegar la hora de la verdad,
ese que tanto me zarandea
y de ganar ya fanfarronea,
de encima de mí se quitará;
es verdad que sabe morder
y me arrastra y me patea,
pero yo tengo correa,
y a la larga se verá.
Volvamos a dar otra embestida;
el amo de Ñap volvió a decir:
«Yo sé cierto que el perro es fino
y no hará mala pasada;
y si le pegan la pitada
delante de todos los que hay aquí,
buscar donde huir
quien acaso lleve las de perder.»
Moreno.
Si Ñap se asustó,
su amo aún más;
y luego, apostando dinero,
se quería defender,
hasta el punto de que propuso,
despreciando su interés,
querer hacer un exceso,
como si quisiera amenazar.
Ñap.
Amo, el juego es peligroso,
veo que estáis enfadado,
y yo llevo carga de sobra
y no puedo defenderos;
no vayamos a caer los dos.
Yo ya estoy estropeado
y habéis de andaros con tiento
para que os apaleen a vos.
Moreno.
Si lo volvéis a hacer pelear
conmigo otra vez,
la apuesta ha de ser abundante
con buen dinero por delante;
así su amo sabrá
si soy una gallina amarrada,
y podrá valorar, en la embestida,
si Moreno es buen perro.
Ñap.
Yo, en mis adentros,
solía pensar
que otro se fue a pelear
en Palma y quedó
en medio de la plaza sin piernas…
Moreno, en aguante me superas,
porque veo que tienes tales mañas
que a fuerza de palique ganarás.
Moreno.
Lo que importa es poner
apuestas de cincuenta duros,
y así veremos los chulos
de Palma ajustando cuentas;
y, si salimos del apuro,
tendremos para echar unos tragos
para matar algún gallo,
y para cafés, copas y puros.
Ñap.
Bueno, hablar está de más;
no voy a volver a pelear,
y si él vuelve a apostar,
se expone a perder el dinero
todo cuanto allí arriesgue.
Ya les vale a esos perdularios,
que, si ellos son unos veletas,
tenga yo que pagarlo.
Moreno.
Al amo no has de dar
la culpa, que no la tiene;
la tienes tú, que eres un haragán.
Tienes desgana para pelear;
mi amo ya me lo dijo:
«Tú, para lo que eres bueno es para comer,
y si te hacen agarrarte,
hasta te avergüenzas de quedar bien.»
Ñap.
Amo, no brindéis por mí;
ni se volverá a armar tal jaleo,
ni tú me ganarás
ni a comer un plato de sopa.
Y si alguna vez te topas conmigo,
tú mismo luego lo verás:
no creas que eres capaz
de ganarlas todas.
Moreno.
Me he cansado de sermonear
y no te lo puedo dar a entender:
que para pelea eres malo,
porque pronto te sueles cansar;
y así dejémoslo estar,
que el amo que te suele guardar
bien puede presumir
de tener semejante pieza.
Ñap.
Mi amo es que tiene miedo,
y aunque sea un dogo mallorquín,
soy bueno para hacer ruido
y para comer, aunque sea un trozo,
tanto si hace sol como si llueve.
Lo que pienso es que conmigo
no ganará ningún tesoro
ni estrenará ropa nueva.
Moreno.
Con tu nombre no erraron:
tú eres dogo mallorquín antiguo;
pero solo si te dan el buey frito,
no si te ponen a pelear.
Yo ya estoy enterado
de que, si te hacen demostrarlo,
tendrán que buscarte por ahí,
porque te habrás escondido.
Ñap.
Yo soy bueno para pelear
y para tener discusiones,
pero con perros de poca monta
a los que pueda manejar;
pero no hago apuestas
contra uno que me pueda ganar,
pues enseguida lo dejo estar
y no doy más razones.
Moreno.
Tú, algo ruidoso,
y tu amo, bravucón;
los dos hacéis mucho ruido
sin saber por dónde sopla el viento,
y luego, para quedar bien,
os suele costar del bolsillo,
y lo peor de todo
es que Ñap no tiene nada que hacer.
Ñap.
Si vuelvo a pelear con él,
no me sabrá mal si pierdo dinero;
que el amo se empeña en torcerlo todo,
y ya veréis qué remedio,
si acaso sucediera
que me volviera a tocar la piel,
o la nuca del cogote,
huiré y no me verá más.
Moreno.
Tú mismo te precipitas
al pelearte con otro,
y eso es una falta
que suele traerte desgracia;
la razón a la vista salta,
y, si nos volvemos a topar,
ya nunca más podrás ir,
Ñap, con la cola tan alta.
Ñap.
Moreno, tú juegas con ventaja;
no es que me quiera pelear,
es el amo quien me suele forzar,
porque se le ha metido en la cabeza
que gracias a mí se quiere ganar
el jornal, este soldado;
y yo he quedado maltrecho
y no me quiero volver a agarrar.
Moreno.
Tu amo se ha venido arriba
y soltó la frase
de que tú eres el perro mejor
que había en Palma;
y no quiero disputarlo,
pero yo, por piedad,
no te dejé desollado
cerca de Cala Major.
Para lo que sí eres muy listo,
te lo digo y lo has de creer,
es para alguna vez sacar
los bocados de dentro del plato;
y lo que digo puede verse:
quieres estar descansado
en un rincón retirado,
con un jergón donde yacer.
Ñap.
En vano hemos conversado:
tú has ganado la victoria.
Dejemos ya el alboroto,
que eres el más aventajado,
y el amo que te ha adiestrado
podrá tomar posesión
del dinero y la honra y gloria
de decir por todas partes que has ganado.
Moreno.
Dios te dé buen descanso,
que con salud podamos estar
y te puedas librar
de caer en malas manos;
tú no tienes mañas suficientes
para poder pelearte,
y el amo que te cuidó
ni siquiera sabe lo que son los perros.
Dejemos la conversación
y no hablemos más del lance;
tú, si te escuece, ya curarás,
yo también he de sanarme;
yo lo que quiero procurar
es no ofender si me alargo,
aunque sé que no hacen caso
de las palabras de un perro.
Y si nadie, de ningún modo,
cree en todo lo que he dicho,
lo quiero dar por escrito
y lo firmo: El perro Moreno.
El que este papel ha compuesto
a todos pide perdón,
y si hay alguna falta,
espera ser perdonado;
soy un pobre desdichado,
y vivo de mi sudor,
y solo paz y unión a todos he deseado.
(Es propiedad)
Se halla de venta en Palma, tienda de M. Borrás y en la casita de madera de la cuesta del Teatro.
Huellas en la tinta
ISSN 3101-5190









